sábado, 13 de agosto de 2011

Principios orientales del bonsái, la ikebana y el feng shui


Es innegable la atracción que los paisajes ejercen sobre el ser humano. Una selva tropical, una playa con sus acantilados, un río entre montañas, un lago rodeado de picos nevados, son algo más que un accidente geográfico o consecuencia de un clima. Despiertan la fantasía y el deseo de contemplación en quien los observa.
Oriente, especialista en simbología, ha codificado estas emociones que la naturaleza produce no solo en nuestra vista sino en todos los sentidos
Ikebanas, bonsáis y paisajes en miniatura; materializaban para estos países una forma de comprensión del mundo. Un arte de vivir basado en la apreciación de las cosas simples y en el placer subyacente de gozar a través de las impresiones dadas por elementos en apariencia comunes.
La naturaleza representaba una fuente inagotable de inspiración por su infinita metamorfosis.
El Feng Liou (no Feng shui), que significa “deslizarse con el viento”, nació en China durante el siglo III, como una manera de escapar a los problemas rutinarios y a la rigurosa moral del Confucionismo.
Adaptarse a la corriente de la vida como un soplo del viento, aproximarse a la naturaleza, liberar los pensamientos de toda inquietud y manifestar su desacuerdo con las convenciones eran algunos de sus objetivos más superficiales.
“Tira tu casaca literaria y anda con los pies desnudos” significaba dejar atrás lo erudito y artificioso para volver a lo natural y esencial.
De la observación de los ciclos naturales, surgió el concepto del yin y el yang como fuerzas que se atraen y se repelen pero que no pueden existir sin su opuesto.
El yin representa el principio femenino, la noche, la tierra, la luna. El yang el masculino, la luz, el sol, la vida, el cielo. Ambos son manifestaciones del Tao como fuerza universal, sustancia y causa original a la que la vida humana debe regresar.
La teoría del Feng – Liou pasó de China a Japón de la mano del Budismo- zen en los siglos XIV ó XV, con el nombre de Furyu (divertimento elegante) y dejó una profunda huella en la estética japonesa. La ceremonia del té es una de sus representantes.
En Japón, muchas personas abandonaron sus actividades para “dejarse llevar por el viento” y construyeron hermosos jardines e innumerables casas de té, seducidos por la belleza y las tradiciones de un pasado lejano.
En la actualidad, el hombre moderno vive en condiciones similares a los chinos del siglo III, agobiado por las preocupaciones, bombardeado por la información, jaqueado por las convenciones, estresado por no conocer a qué se deben los vaivenes de la vida e impotente para manejar su suerte.

EL LENGUAJE DE LOS SÍMBOLOS
La reproducción de un trozo de naturaleza en un cuenco, es de por sí un acto mágico que encierra en sí mismo los rasgos del Universo y las fuerzas contrapuestas del yin y el yang.
En sus orígenes, los paisajes con sus montañas representando las cimas sagradas de China, rodeadas del verde de la vegetación y la arena de las playas, eran un talismán que protegía de las enfermedades y de las influencias nefastas. Para el Tao, las piedras y montañas contienen un fluido vital que incrementa la longitud de la vida humana. Este tipo de construcciones tomaron el nombre de P’en Chan y tenían la capacidad de reemplazar a los grandes jardines en las ciudades. A nivel diplomático tenían y tienen un carácter muy especial, siendo muy apreciados.

Los ciclos creativos y destructivos del yin y el yang, están representados por cinco elementos que a su vez llevan una imagen asociada. Así la madera se representa con el color verde, el metal con el blanco, el fuego se asocia al sud y el agua al negro. La tierra, se toma como centro de la existencia del hombre y de ella parten los puntos cardinales y las estaciones, asociados también a una imagen o impresión. El este por la primavera, el rojo por el verano, el oeste por el otoño y el negro por el invierno.-
Regalar o poseer paisajes significa desear para sí o para los demás las virtudes de firmeza de carácter, independencia, majestuosidad de espíritu, sabiduría, modestia, abundancia, dignidad en la vejez y buena salud. Estas virtudes se traducen en la vida cotidiana en felicidad personal y conyugal, amistad, larga vida y vejez tranquila.-
Algunas de las técnicas y artes derivadas de la teoría del Feng-Liou son:
El saikei, el penjing, el bonkei, la ikebana, el Feng-shui, el bonsái y la ceremonia del té.



Algunas de las especies vegetales más emblemáticas:
Pinos: reserva vital (chi), dignidad, virilidad, larga vida, curativo (con roca)
Bambú: sabiduría, equilibrio, elegancia, resurgimiento a condiciones adversas, espíritu invencible y viril.
Iris: buen gusto, naturalidad “el camino de los peces”.
Acer: otoño, tibieza del sol
Sauce: familia grande, frivolidad, prodigalidad
Cerezo en flor: símbolo de la primavera
Melocotón: símbolo del sol, poder mágico que protege de las influencias nefastas, su madera es una puerta al mundo de los espíritus.
Loto: pureza, verdad y perfección. Gente que no conoce el sufrimiento
Peonía: belleza perfumada. El rojo significa poder, elegancia, opulencia y éxito.-
Crisantemo: libertad
Orquídea: alegría
Aunque a veces se plantan de exprofeso o se reemplazan con una planta de silueta similar, la aparición de setas u hongos en los paisajes de Feng- Liou, representa el ling-chi o símbolo de la inmortalidad y elíxir de la vida.
En las ocasiones importantes de nuestra vida, los objetos que nos rodean no son solo eso, sino que representan nuestros sueños y aspiraciones.
Felicidad es vida, plena, potente y sin tapujos.

Kime, en la filosofía oriental significa “concentra tu mente”. Es el acto creativo por excelencia.
Mushin es dejarse fluir, abandonar las tensiones de la mente para que las manos ejecuten.
No se puede estar todo el tiempo concentrado ni fluyendo permanentemente, de la misma manera que no se puede sólo inspirar o únicamente espirar.

Kime & Mushin