sábado, 3 de diciembre de 2011

¿Qué hacer con un prebonsái de vivero? (El presente artículo apareció en la revista Bonsái Pasión y fue realizado en el transcurso de un ciclo vegetativo)
No siempre podemos disponer de un yamadori o una buena pieza de olivo de Mallorca. Como decía Masahiko Kimura: "Un bonsaísta mediocre puede hacer algo bueno con un gran árbol, pero se necesita un gran bonsaísta para sacar de un árbol mediocre, una gran pieza"
No pretendemos hacer con éste una pieza de exposición sino extraer de su esencia todas las posibilidades. El plantón que trabajamos estaba enterrado dentro del tiesto hasta la marca oscura, tenía unos chupones que salían en apariencia desde el nebari, el tronco hacía una curva cerrada hacia la izquierda y a partir de ella aparecía una línea de retracción que indicaba que parte de su tronco había muerto a consecuencia de un gran corte que puede observarse donde comienza el verde. Lo primero que hicimos, como siempre fue despejar el nebari y con sorpresa, no demasiada, encontramos que por debajo del nivel de tierra continuaba  el tronco y se ensanchaba casi dos centímetros. Asimismo los chupones que antes estaban a ras, ahora quedaban varios centímetros por encima y habían producido un abultamiento que dejaría una fea marca si intentábamos eliminarlo. Para seleccionar el frente no hubo demasiado opción ya que cualquiera que no fuese éste que se ve en la foto, haría que el tronco se inclinara "orgullosamente", hacia atrás.
Decidimos volver a colocarlo en el tiesto no sin antes cortar los chupones y eliminar las ramas que salían del ápice como si fuese una escoba. Dejamos los brotes más finos porque son más fáciles de moldear. El trabajar con poco verde nos dejó ver con claridad la zona muerta y el tronco truncado por el gran corte. Visto así, muchos aficionados hubiesen hecho una barbacoa con él. Enumeremos los defectos:

  1. Falta de conicidad
  2. Corte en la zona del ápice
  3. Abultamiento en el primer tercio
  4. Zona muerta a partir de la curva y hacia arriba.
En un olivo viejo, retorcido y nudoso estos problemas pueden ser incluso una bendición. Pero en un olivito joven sin vetas de madera interesantes, es un dolor de cabeza y el experimento puede acabar en la basura.
Decidimos sin embargo salir adelante para ver hasta dónde podíamos llegar.

Decidimos hacer un uro en el tocón del primer tercio y afinar las paredes para ver si podíamos darle un aspecto natural. En la parte superior abrimos la zona muerta para ver hasta donde circulaba la savia (se detecta por la aparición del cambium vivo que es de un color verde intenso).
La madera del tocón fue eliminada con un rascador procurando que la cicatriz fuese irregular. No queríamos que nos quedara como el pico de una botella. El rascador deja marcas porque es como hacerle punta a un lápiz pero este tronco joven carecía de movimiento propio y estábamos esperanzados de que al pulirlo con un cepillo de pvc, las marcas se disimularan y el aspecto fuese lo más natural posible. La parte superior todavía incordiaba más porque era como un tubo sin conicidad, sin movimiento, con una madera plana de fibras seguramente rectas. Eso escapaba a las técnicas conocidas de trabajo con madera muerta. Sin embargo, los olivos en la naturaleza poseen la característica de que el centro del tronco se pudre a mayor velocidad que el resto. Eso y el trabajo de los insectos es lo que hace de las oliveras de Mallorca: unas verdaderas obras de arte.

Decidimos entonces practicar un agujero desde el corte que había en el tronco y paralelo a éste hasta casi llegar a la curva. Luego hicimos otros agujeros transversales que se comunicaran con el primero y con un rascador fuimos quitando hilos de fibra de madera de la parte muerta para producir distintas profundidades. Es decir intentábamos hacer el trabajo de la naturaleza a través del viento, el agua y los insectos pero sirviéndonos de elementos mecánicos que reducían a unos minutos la acción de los fenómenos naturales que demoran cientos de años en hacer el efecto deseado. Todo un reto. 
Por más que se ofrezcan talleres de madera muerta, la mayoría de los bonsaístas tiene la tendencia a querer imponer su voluntad sobre el árbol. Cuando ven que Kimura coge una moto sierra, piensan que todo es coser y cantar y que cualquier bonsái es susceptible de ser tallado como un tótem. En realidad el trabajo es nuestro y consiste en intentar rescatar de lo que tenemos, de lo que tiene el árbol, para que nos de la impresión de naturalidad y veneración al prodigio de la Madre Tierra.
Cuando supusimos que el trabajo estaba hecho: el agujero central ahora no sólo se comunicaba con los transversales sino que al quitar la fibra con el rascador habíamos producido un canal irregular; decidimos que era hora de pulir y cambiamos la broca por el cepillo de pvc. Este cepillo tiene la particularidad de no rayar la madera, de comerse las partes más blandas y con el agregado de agua jabonosa, produce un efecto equivalente al trabajo con propóleo. Es decir se trata de agregar a la madera sustancias grasas hidratantes que la hagan impermeable al agua y al mismo tiempo desgastar las aristas producidas por los rascadores hasta que parezcan formar parte de la misma estructura del árbol


El pulido llevará varios años durante los cuales se puede mejorar el aspecto de la madera. Tengamos en cuenta que ésto no lo ha hecho la naturaleza sino nosotros y necesitaremos ser pacientes y constantes. Lo bueno es que acabado el primer pulido, ya se pudieron alambrar las ramas bases que formarán la estructura a este pequeño bonsái. Lo mejor fue verlo después de más de un año, aunque no dispongo de fotos para mostrar puesto que le perdimos el rastro. Quizás lo veamos pronto en alguna exposición. Tal vez su dueño actual nos quiera enviar una foto de como está ahora...