jueves, 9 de febrero de 2012

Inicio de trabajo con un plantón de malus halliana

El malus halliana, ampliamente utilizado en bonsái por su abundante floración que se inicia en un rosa fuerte y acaba casi en un blanco rosado, tiene además la atrayente particularidad de sus frutos pequeños idénticos a una manzana pero en miniatura. Estos árboles que se adaptan muy bien al clima mediterráneo, parecen proceder de China, pero eso aún está en discusión.
El problema suele presentarse a la hora de adquirir material. Un bonsái importado es carísimo, una planta de vivero está en general injertada y muestra en el tronco los defectos de la operación cuando no dos tipos de corteza o un afinamiento imposible de disimular. En nuestro caso hemos elegido un plantón al que se ha dado una cierta poda pero deja bastante que desear porque parece más que manzana, "banana" debido a la curva que hace el tronco  en forma de C, poco estética para un
 futuro bonsái.
Como casi siempre, debajo de la superficie de la tierra original
encontramos "sorpresas". Aquí hay varias raíces gruesas cortadas que evidencian que ha estado plantado en el campo y que deben ser eliminadas porque parecen un tubo de desagüe. además el  tronco se prolonga bajo tierra y el verdadero nebari está casi cinco centímetros más abajo.
Nótese que hemos colocado pasta cicatrizante en las heridas porque los manzanos cierran bien los cortes si éstos están protegidos. Hemos aprovechado para girar el árbol y elegir el frente. No es que haya muchas opciones....
Lo volvemos a plantar en su maceta plástica porque todavía necesita un año de cultivo para formar ramas básicas.
La primera opción en la que la curva del tronco no es tan redonda, sería ésta pero no hay nebari, el tachiagari parece afinarse, el primer tercio es muy recto y habría que cortar por sobre la primera rama gruesa de la derecha, inclinar más el primer tercio a la izquierda para tener la opción de hacer un fukinagashi mediocre por la juventud del tronco.
Por descarte vamos a la cara opuesta que es desde donde sacamos la primera foto. El nebari al menos existe, el tachiagari tiene algo de movimiento pero el primer tercio tiene varios cortes a medio cerrar. Además casi no hay ramas y de las pocas que hay algunas nacen a la misma altura. Pero bueno, esto no es una demostración, es el trabajo que más hacemos: sacarle a un árbol el mejor de los provechos. Por supuesto que nos agradaría trabajar sólo con yamadoris, o no. Pues definitivamente no.
El trabajo con árboles que te hacen estrujar el cerebro para en-

contrarles un cierto futuro tiene una atracción especial para mí, la del desafío. El problema suele ser que no puedo ver el resultado final. Todavía recuerdo un Tamarix que había en un rincón del taller de Mistral bonsái. Hacía años que estaba allí y a mí se me puso entre ceja y ceja que lo quería trabajar. ¡Menuda faena! En climas como el mediterráneo un tamarindo puede llegar a necesitar alambrado cada dos semanas. En aquel descubrí muchos uros y partes muertas muy interesantes y... cuando casi ya lo tenía vino un coleccionista y preguntó el precio. Le dijeron el triple de lo que costaba (perdón si me lee pero yo no ponía los precios) y aún así se lo llevó. Poco después vi su foto en una revista y en varias exposiciones... Y lo mismo he vivido infinidad de veces. Pero bueno, sigamos con el manzano. El frente elegido es éste de la izquierda. Necesitamos cerrar más los cortes que parecen los ojos de una lechuza y eliminar el tramo recto del ápice para quitar la sensación de forma de ballesta. Para la primera acción es muy útil lastimar los labios de cierre de las heridas con un bisturí muy afilado y colocarles pasta cicatrizante. El cambium excitado crecerá más y los ojos de lechuza desaparecerán. Eso sí, no hay que colocar pasta en el centro, sólo en los bordes y si la madera muerta sobrepasa la superficie de la viva es mejor rebajarla para que no queden bultos.

 El siguiente paso es eliminar la sensación de arco en el movimiento del tronco y además cambiar el ápice actual que tiene un tramo recto y carente de interés. El problema radica en dónde cortar y con qué rama continuar el árbol para que haga de nuevo ápex. Sólo encontramos una opción:

Ahora alambramos las pocas y finas ramas para ir colocándolas en su sitio. Al igual que con los olivos, en el manzano siempre conviene trabajar con ramas finas.


Bien, este es el inicio. No se han cortado puntas de ramas para no quitar fuerza. Eso se hará cuando la primera brotación esté tierna. El ápice se dejará crecer y se podará luego varias veces para que engrose. En la base del corte grande que quedó al eliminar el ápice viejo se han dejado yemas para obligar a que cierre la herida más rápido y evitar que se muera ese tramo.