lunes, 26 de octubre de 2015

Olea Europea Sylvestris

El olivo es un árbol emblemático del Mediterráneo. Su resistencia, su madera extraordinariamente dura, su fruto, su tronco que adopta formas muy atractivas; lo hacen un árbol ideal para trabajarlo como bonsái. En los últimos años se han popularizado las variedades originarias de las Islas Baleares. Tienen una corteza muy atractiva y su madera muerta es equivalente a las grandes sabinas cultivadas como bonsái.
Los aficionados suelen recuperar trozos de estas oliveras que hacen enraizar y luego trabajan, creando verdaderas joyas que se cotizan muy bien en el mercado.
En el resto de la costa mediterránea también se pueden obtener ejemplares de olivo, pero la corteza es distinta, no tienen madera muerta y si la hay tiene características mucho menos atractivas. Sin embargo no quiere decir que no se pueda hacer nada con ellos.
Hace ya algunos años, encontramos un olivo arrancado del suelo por una retroexcavadora. Tenía dos metros de altura, dos troncos y nada de conicidad. No tenemos fotos de aquella época, porque además estábamos casi seguros que no serviría más que para que los alumnos practicaran. Lo único interesante era el nebari y una parte del tachiagari.
Para que tengáis una idea, el nebari visto desde el frente tiene 22cm de diámetro y el tronco mayor, 60cm de altura (después de cortado con una sierra).
Hace un año decidimos hacer algo con él y, para darle conicidad abrimos una brecha en el tronco, la agujereamos con un taladro y quitamos parte de la madera, como si se tratase de un olivo de campo, comido por minadores.
El resultado no nos convenció en absoluto, pero ya lo habíamos hecho otras veces y sabemos que la madera muerta necesita tiempo y afinado. También cotamos todas las ramas y alambramos los brotes nuevos, a medida que tenían el grosor adecuado para soportar el alambre. En los olivos es inútil pretender trabajar con ramas endurecidas. Es un error muy común el querer aprovechar una rama vieja. Creerme, se obtienen resultados más rápidos y satisfactorios trabajando con ramas jóvenes. Luego vino el verano, que este año comenzó temprano y dejamos al olivo en paz para que creciera a su antojo. Con demasiado calor y al no disponer de un sitio adecuado, los árboles se estresan con facilidad.
Al llegar el otoño, que en el Mediterráneo es una pequeña primavera, decidimos volver a hacer algo con él. Utilizamos para ello una técnica un tanto diferente a las que se utilizan habitualmente. Las ramas largas que había hecho no nos sirven más que en su primera parte. La razón es que los entrenudos de las hojas se van haciendo más largos a medida que crecen y para un follaje compacto necesitamos entrenudos cortos. 
video
Para ilustrar el proceso, hemos montado las fotografías en un pequeño vídeo. Así, creemos se hará más llevadero. ¡Qué lo disfrutéis!